Una historia y un mensaje, la paz

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Esclavo de Dios es un film que no hay que analizarlo mucho para que el espectador se de cuenta que su mensaje es la paz. Esta historia trajo a la pantalla venezolana un conflicto donde pareciera que Dios es quien impone a los humanos su destino, dejando de lado su libre albedrío.

La película, opera prima de Joel Novoa Schneider, permite valorar el talento de este joven cineasta, para quien el cine ha formado parte de su cotidianidad, ya que es hijo de dos figuras del séptimo arte latinoamericano, José Ramón Novoa y Elia Schneider. Para ellos lo social ha sido el tema de inspiración en sus producciones, lo que sin duda ha influenciado a Joel, quien refleja en el film que el sufrimiento, las presiones y los prejuicios son lugar común en este mundo y cuando el fanatismo rige la vida, lo irracional se transforma en protagonista.

El thriller lejos de ser una narración lejana, aunque los acontecimientos suceden a distancia de Venezuela, subraya que la violencia, en cualquiera de sus facetas, se cultiva en todas parte.

Después de la proyección, que culminó con un sonoro aplauso, llegaron las felicitaciones para con el director, acompañado de Mohammed Alkhaldi, protagonistas del film. Junto a ellos también estuvo Daniela Alvarado, actriz que esa noche comprobó su fama y el aprecio que le profesa el público caraqueño.

Esa noche se pensó en el fundamentalismo, que sin lugar a dudas cierra las puertas a la convivencia y a la libertad, además quienes lo militan son esclavos y víctimas de sus propias creencias.