El Berlín señorial: Charlottenburg

Si hay una ciudad en Europa para disfrute de los amantes la historia esa es sin duda Berlín. Uno de los capítulos más gloriosos es la época en la que la ciudad fue la orgullosa y deslumbrante capital de Prusia.

Fue entonces, en 1705, cuando tras la trágica e inesperada muerte de la reina Sofía Carlota, el rey Federico I decidió conceder el título de ciudad a un pequeño pueblo a las afueras de la ciudad donde se ubicaba el palacio de verano preferido por su esposa. El nombre elegido fue Charlottenburg, la ciudad de Carlota, hoy convertido en uno de los barrios más elegantes de la capital alemana.

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En su epicentro se sitúa el soberbio palacio barroco de Charlottenburg, inspirado en el mismo Versalles, rodeado de fuentes y jardines. Una visita muy recomedable que, por solo 8€ nos permite descubrir todos los espacios y rincones de este palacio incluidos sus fantásticos jardines.

Incluso después de la caída del Imperio Alemán, este siguió siendo un lugar destacado: durante los años de la República de Weimar, después de la I Guerra Mundial y antes del ascenso de los nazis, el distrito de Charlottenburg se convirtió en el epicentro cultural de Berlín.

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En este barrio crecieron cafés literarios, teatros, cabarets y clubes de jazz en los que, a lo largo de la Kurfuerstendamm, brilló la llama de la libertad y la cultura de los felices años veinte, antes de la llegada de los tiempos sombríos de la década posterior.

Algo de ese brillo ha quedado impregnado en las calles de Charlottenburg, el Berlín señorial, de nuestros días. Para disfrutar de él puedes tomar en metro y bajarte en la estación de Richard-Wagner-Platz o bien en la de Sophie-Charlotte-Platz.