Medina Azahara, la ciudad árabe de Córdoba

La belleza y majestuosidad de la Alhambra de Granada eclipsan al resto de monumentos que permanecen en la península ibérica como recuerdo lejano de la gloria y el esplendor del Al Andalus y tantos siglos de dominación árabe. Uno de ellos es la ciudad de Medina Azahara (Madinat al-Zahra), situada en las proximidades de Córdoba.

Fue el califa Abd al-Rahman III quien decidió fundar esta ciudad en el año 936, en los límites de Sierra Morena y al oeste de la Córdoba romana y después visigoda. Siu objetivo era convertirla en la gran capital del nuevo califato y el lugar donde exhibir su poder y fascinar a los visitantes extranjeros.

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Según fuentes de la época, en su construcción intervinieron más de 10.000 obreros y cada día se utilizaron más de 400 cargas de yeso y cal. Con tantos recursos económicos y humanos invertidos, la sobras fueron deprisa y la ciudad fue inaugurada cinco años después, aunque no fue habitada en su totalidad hasta el año 1010.

Como estaba previsto, la belleza y espectacularidad de esta ciudad asombró a cuantos tuvieron la fortuna de poder visitarla, ya que su existencia fue breve: Medina Azahara no se libró de las guerras internas que devastaron el imperio de los Omeya y que causaron también su destrucción.

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Hoy los que viajan a Córdoba pueden visitar las ruinas que son apenas un pálido reflejo de la majestuosidad de la ciudad. Esta se dispone básicamente en tres terrazas:

  • Terraza superior. Ocupada por el Alcázar, residencia del califa y los dignatarios estatales. También albergó los órganos administrativos, gubernamentales y las dependencias militares.
  • Terraza intermedia. Destinada a jardines y huertos.
  • Terraza inferior. Emplazamiento de la ciudad y la mezquita, en la zona sureste y exterior al recinto amurallado.

Si e ntu viaje a Córdoba te acercas a Madinat al-Zahra no olvides visitar el Salón de Abd al-Rahman III, destinado a las recepciones políticas, una de las edificaciones mejor conservadas en la que destaca  su espectacular decoración en piedra con motivos vegetales, geométricos y epigráficos, sin precedentes en todo el Islam conocido.