Los novios, únicos protagonistas

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La boda de María Cecilia Salazar Quijada y Federico Andrés D’Elia Hernández se caracterizó por la alegría y la calidez, presente de principio a fin en esta celebración.

María Cecilia entró a la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, en Las Mercedes del brazo de su padre, Eduardo Salazar, quien después ocupó lugar especial junto a su esposa Nagaryd Quijada de Salazar y los padres del contrayentes Pedro D’Elia Gil y Loly Hernández de D’Elia.

El templo lució una elegante decoración determinada por los ramos de flores blancas que enmarcaron el altar y el pasillo de la nave central por donde se desplazaron Federico Andrés, María Cecilia y el cortejo que los acompañó.

La bendición nupcial la impartió el padre Martín, quien fue profesor del novio en sus tiempos de estudiante en el colegio Santo Tomás de Villanueva. La misa rociera marcó los momentos más relevantes de la liturgia.

Convertidos en esposos, la pareja se trasladó al hotel J.W. Marriott, donde tuvo lugar la recepción social. Nuevamente el blanco se hizo presente en la decoración, que esta vez convirtió al salón Arturo Machetean en varios lounges. En lugar especial se ubicó la torta rodeada de chocolates y petit fours.

La música de Odysea llegó cuando Federico Andrés y María Cecilia entraron al salón. Ellos e iniciaron el baile con Eres, melodía de Café Tacuba y una sus favoritas.

Cabe destacar el traje de la novia, en organza trabajada en pliegues encontrados y volantes para la falda. El velo inspirado en la mantilla le dio un aire sevillano.