Jan Taminiau: el diseñador de la futura reina de Holanda

Brillos, bordados, transparencias y telas trabajadas son las características de las piezas que salen de su taller

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Los diseños del holandés Jan Taminiau se elaboran con esmero y dedicación en su taller en la campiña que rodea la localidad de Baambrugge, un entorno de una discreción única para clientes como la futura reina de Holanda, Máxima Zorreguieta.

Ponderado en palabras y con una sonrisa casi infantil, Taminiau se muestra encantado de vestir a la popular argentina, que con su naturalidad y espontaneidad luce como nadie sus modelos. “Es un honor para mí contribuir al armario de la princesa de Orange”, dice Taminiau.

Su taller es un gran templo prohibido donde se cuecen los enigmas de su moda y donde no se permiten ni fotos ni visitas ajenas. Modisto y clientas se adaptan en oferta y demanda, también en el caso de la princesa. “Mis clientas vienen hasta aquí”, afirma el diseñador.

Máxima es el tipo de mujer para la que a él le gusta diseñar: “Una mujer actual, una mujer que trabaja, que piensa en aspectos prácticos, pero que no renuncia a estar guapa”.

Especificó los colores que le lucen a la princesa: “Le gusta la paleta que utilizo, como el verde, colores vivos, intensos, pero también el color crudo; de hecho, casi todos los colores que uso los puede llevar muy bien y eso hace que colaboremos con frecuencia”. Sin seleccionar un color favorito para la futura reina de Holanda, apuntó que las tonalidades que más le van son las que se encuentran en los extremos: “O colores muy vivos, con fuerza, o muy suaves, pero no los tonos intermedios”.

El carácter latino con el que la princesa ensalza la ropa que lleva, y que para Taminiau “marca una diferencia”, es un elemento que se reconoce en las creaciones del diseñador holandés, cuyo estilo elaborado y rico en bordados se separa del minimalismo de la moda holandesa. “A mí me gusta el temperamento latinoamericano, y eso se ve en mi trabajo: rico en capas, en el juego de tejidos superpuestos cuya seducción se manifiesta por ejemplo en el baile. La latinoamericana tiene ese sentido elegante de la seducción en su ADN”, dice el diseñador.

Taminiau, nacido en Goirle en 1975, cosechó sus primeros éxitos nada más acabar la academia de arte en Arnhem y lo hizo con una colección trabajada en telas de sacos de correos. Este elogio a un “producto desechado, pero con historia y carácter” se enlaza con el surgimiento de su vocación: “El desván de la casa de mi abuela ha sido una fuente de inspiración interminable. Allí había objetos de anticuario en mal estado con los que yo jugaba y eso es la base de lo que hago ahora”.

Máxima eligió por primera vez a Taminiau para inaugurar la Bienal de Moda de Arnhem en 2009, en la que lució una chaqueta de esa colección postal, con los colores de la bandera holandesa a modo de adorno en la cintura y en los puños.

Con sus sofisticadas creaciones, Taminiau se define como “el patito feo” de la moda holandesa, más gustosa del minimalismo que de los brillos, los bordados, las transparencias y las telas trabajadas típicas de sus diseños. Sus retos apuntan a vestir a la mujer en otros momentos, no solamente en fiestas, con lo que Taminiau mira hacia la apertura de tiendas con su nombre y en las que no faltará una línea de calzado.