El lado fotográfico de Cruz-Diez

12725564_copia.jpg.520.360.thumb

Y en blanco y negro: el maestro del color muestra desde hoy su pasado en grises.

No es lo mismo una fotografía realizada por un mortal común que por Carlos Cruz-Diez: una selección de treinta y dos fotografías en blanco y negro, realizadas por el maestro del color, se exponen desde hoy y hasta el 21 de julio en la sala de la Fundación Provincial, en La Castellana; precisamente bajo el título Cruz-Diez en blanco y negro.

Vía Skype desde Nueva York, Cruz-Diez explica la afición que desde niño tuvo por la fotografía, cuando fabricó a mano una cámara “minutero” y se dedicó a retratar calles y personajes de La Pastora.

“Me fascinaba la cosa mágica que parecía la foto, cómo aparecía poco a poco la imagen. Luego me sirvió para ganarme la vida, y también me dio información importante, porque me interesaba la parte teórica de la fotografía. Eso me dio medios para desarrollar mi plataforma conceptual sobre lo que he querido demostrar acerca del color”, señala.

Las imágenes son de 1947 a 1965 y muestran a los Diablos de Yare, al tenor favorito de Venezuela Alfredo Sadel, a su amigo Jesús Soto jovencísimo, a Juan Vicente Torrealba sin la cobija en el hombro, a Alejandro Otero bajo unas piedras, barrios de Caracas, ¡al mismo Alexander Calder, el de las nubes del Aula Magna de la UCV!; fotos que parecen de paisajes (y lo son) pero muestran texturas, y que es algo que a Cruz-Diez le interesaba explorar para su trabajo plástico.

Esos son los temas que el artista expone por primera vez al mundo en las fotos de reciente reproducción, a partir de los negativos escogidos entre el maestro y el curador de la muestra, Edgar Cherubini. Por cierto, Cruz-Diez empleó para sus registros gráficos una cámara Rolleiflex.

Como justificando que lo suyo sigue siendo el cromatismo, Cruz-Diez alega: “Mi trabajo es modular, programado, sistemático donde un solo elemento, por acumulación, genera algo totalmente diferente del punto de partida. Eso nos acerca un poco a lo que dice la informática. Lo llamo módulos de acontecimiento cromático y por acumulación genera todo ese proceso de mutación del color, y la fotografía tiene esa cosa que es multiplicable. Una imagen, siendo única, la puedes multiplicar en millones. No es que la fotografía me haya influenciado, sino que me ha sido útil para desarrollar mi trabajo”.

Porque para el maestro es vital la información: “qué se ha hecho con el color en el pasado, qué se ha hecho con el arte, qué significa el arte a través del tiempo y qué va a significar para mi, en mi tiempo y en mi generación. Eso es lo que ha sido más importante en mi formación, la información”.

A la pregunta de cuándo y por qué dejó la fotografía, ríe con encanto y exclama: “¡No, yo no la he dejado! Ella es parte mía, como la guitarra. Yo siempre toco guitarra, y siempre he dibujado. Me encanta dibujar y hacer muñequitos. Pero ese no es el discurso fundamental de mi trabajo”.

Entonces, lo que Cruz-Diez hace ahora es utilizar la fotografía digital para realizar sus obras.

“Gracias a mis hijos, ellos me han enseñado como manipular los programas de imágenes. Desde el año 1995 no dibujo, todo lo hago a través de la computadora, y hago las maquetas, y es fantástico cómo se hacen. Antes había que hacerlas materialmente y hoy en día se hacen virtuales; y yo hago unas pequeñas anotaciones, se las paso a mis hijos y entre ellos y los asistentes revisan para que todo quede a la perfección. De esta forma no tenga equívocos en el momento de la fabricación de la obra”, agrega.

De lo social a lo artístico

Para Carlos Cruz-Diez, también había otra motivación respecto a lo fotográfico.

“Me interesaba hacer un documento, y muchas de esas ima´genes fueron tomadas como un elemento para inducir el tema que iba a desarrollar sobre la tela o el cuadro. También el tema social. Iba a los cerros de Caracas, a los barrios del interior del país, y luego hacía las pinturas figurativas (que tampoco he mostrado). En ese sentido, la fotografía también era un apoyo documental para mi expresión”, rememora el creador de las Fisicromías, quien en sus periplos urbanos se hacía acompañar por el poeta Aquiles Nazoa.

Otros registros interesantes que realizó Cruz-Diez, pero que lamentablemente no están ni en esta exposición ni tampoco en el libro que se publicará y que contendrá alrededor de doscientas imágenes, es el de la Fiesta de la Tradición; aquel evento que organizó Juan Liscano en el Nuevo Circo de Caracas y que mostró la variedad del folclore venezolano.

“Yo pensaba que mostrando el folclore nuestro ofrecía un discurso valedero como expresión universal. Me interesó el folclore, grababa los cantos populares, me iba al interior del país, retraté los bailes. En la Fiesta de la Tradición que se hizo cuando llegó Rómulo Gallegos al poder, fue cuando el caraqueño conoció el folclore. Yo iba todos los días y allí obtuve mi formación sobre música popular venzolana, porque antes nadie viajaba al interior. Fue cuando apareció Juan Vicente Torrealba y fue una revelación para el caraqueño. Eso me dio un gran impulso para las fotografías”, puntualiza el maestro.

Anuncios